Destinos con calma, para respirar, pensar y reflexionar.

Durante estos días se está hablando muchísimo sobre los nuevos propósitos que la gente se plantea cada vez que se entra en un nuevo año. Hoy estoy leyendo un montón de artículos que tratan sobre este tema,  cuando mira por donde, voy y me encuentro con esta preciosa cita de Dalai Lama titulada «La Calma».

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Llevo unos cuantos días pensando sobre cual podría ser mi primer viaje, en este 2020, un destino que me pueda aportar durante unos pocos días, la calma que necesito para respirar, pensar y reflexionar, sobre todo después de estas locas fiestas, llenas de compras, comilonas, gentío, miles de compromisos, y un montón de quehaceres más típicos del último, luminoso y ajetreado mes del año.

Y aunque había barajado en mi mente muchos, por fin, y tras saber que allí, me voy a encontrar «La Calma» que necesito, nos vamos a pasar unos días a la preciosa Rocamadour, la romántica Saint Cirq Lapopie, y la medieval Sarlat le Caneda, unos destinos franceses que conocí hace unos 15 años, y que sé por experiencia propia, me va a encantar volver a reencontrar. ¿Mi propósito de este año que apenas acaba de comenzar?, vivirlos, sentirlos, y disfrutarlos en calma, junto con mi pequeña familia.

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Desconectar para volver a conectar amigos, porque además dicen que empezar el año viajando, es un preludio de que se avecinan muchos más viajes, pues allá que nos vamos próximamente, pero antes, no dejes de leer la preciosa cita de Dalai Lama, que ha hecho que pensara en estos destinos para empezar a sentir esa calma que tanto necesito.

LA CALMA

«Se llama calma y me costó muchas tormentas.
Se llama calma y cuando desaparece…. salgo otra vez a su búsqueda
Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar.
Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar.
Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría.
Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar.
Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar.
Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.
Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar.
Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad.
Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar.
Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…»
Dalai Lama.

Categorías: Reflexiones

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